miércoles, 16 de junio de 2010

LA JUSTICIA: RASTREANDO UN CONCEPTO - JOHN RAWLS – LAWRENCE KOHLBERG



Establecer con certeza un sentido de la justicia es un cometido bastante alto, sin embargo, rastrear el sentido de ésta para intentar establecer de forma aproximada que la justicia es un acto humano cotidiano que se nos presenta de diferentes formas, y que solo repudiamos cuando vivimos su contra, la injusticia, y que perseguimos cuando somos tratados y la experimentamos de primera mano, la justicia. No sobra dejar por sentado que la justicia aunque éste presente en toda la vida, evoluciona buscando un nivel de abstracción cada vez mayor, pero en esta evolución se la puede encontrar en diferentes estadios a los cuales cada vez tiende a responder de forma menos concreta y más abstracta, interiorizando los preceptos que conforman dicha justicia hasta hacerlos propios y ser capaz de sentirlos como rectitudes[1] en virtud de si, mas no como imposiciones que tienden a la autoridad.

La justicia tiene dos estadios básicos fácilmente detectables, el primero de ellos responde a una autoridad y por consiguiente es una justicia que esta fuera de la persona, y conlleva en la gran mayoría de casos a un sentimiento moral –natural- igual a la culpa[2], y un segundo donde se presenta ya al individuo como un ser social que, por tanto, basa su vida en asociaciones que cambian su sentido igualmente con la evolución. En un principio son básicas y obedecen a preceptos muy particulares siendo asociaciones singulares, con el tiempo estas asociaciones cambian para el individuo y se tornan mucho más grandes, demostrando que el individuo es capaz de abstraer a tal punto asociaciones de carácter nacional o internacional, buscando por fin último una asociación universal, de personas que conciben, respetan y forman parte activa de un contrato social-moral establecido que consienten, con el ánimo de impulsar su desarrollo con miras a una pluralidad justa universal.

Para acreditar y corroborar lo expuesto anteriormente, se debe tener claro y aceptar, dos preceptos que dan pie y cabida a todo lo anterior y a lo que seguiremos exponiendo más adelante. El establecimiento primero de tres leyes psicológicas que obedecen a una evolución progresiva del ser humano que responderían a un intento de esquematizar tanto la justicia como la moral con el fin de dar orden e intentar generar una significación coherente, estas son[3]: 1. Dada una familia justa, el niño: por el manifiesto amor de los padres, llega él a quererlos también. 2. Partiendo de la ley primera, y conservando un estado justo, se generan vínculos amistosos con personas externas al núcleo familiar, y estos, se mantienen mientras ninguna de las partes asociadas rompa con sus deberes, obligaciones y derechos. 3. Cumplido con las dos leyes anteriores y desarrollado un sentido de la amistad o camaradería elevado y teniendo una participación activa en todas aquellas instituciones que consideramos justas, proporcionamos que otros conciban como justas estas instituciones y creamos un ambiente de justicia universal.

Los preceptos segundos son las bases sociales concretas que conllevan un correcto desarrollo moral y por consiguiente una evolución en la abstracción y apropiación del concepto de justicia para intentar de alguna forma llegar al estadio máximo de dicha escala. Plantearse un constante debe ser[4] en pro de una corrección sistemática de las falencias sociales, para idealizar una sociedad ordenada y justa donde la estructura básica sea el núcleo familiar, y el equilibrio entre las personas este dado por principios justos de un contrato social implícito más no existente[5].

El desarrollo moral básico va dictaminado por tres partes las cuales se caracterizan de forma tal, que coinciden con el desarrollo paralelo de la edad y por consiguiente de la justicia; entonces podríamos decir que la justicia necesariamente implica un desarrollo corporal y mental ligado a la edad, que terminaría por conllevar a una inevitable experiencia de vida, pues como dijimos anteriormente: es la experiencia de la injusticia, la genera un sentimiento de censura que impulsa a quien la ha vivido a intentar implantar sistemas justos, pues teniendo la experiencia de ambas, se generan estructuras mentales que respectivamente las censuran y apoyan; en parte, basados también en la experiencia, y en los sentimientos morales generados a partir de esta misma causa. Una moral utilitarista sin bases racionales, puesto que carece de principios que la adoctrinan, lleva al niño a pensar de forma equitativa, no porque él conciba la necesidad de la equidad como un precepto primordial para la cooperación y coexistencia con los demás, sino, como la única herramienta de la que se puede valer para que no dispongan lo otros más que él. Siendo así, el niño acude a la justicia equitativa de un modo utilitarista en el que piensa en función de si mismo y no abstrae a su par por lo que es en virtud de sí, puesto, que carece de principios justos morales, argumentados y racionales, sino, los concibe de forma natural[6] como la proyección de normas autoritarias que se le han plateado como única vía a seguir.

No es sino hasta la adolescencia avanzada cuando se empieza a distinguir la tercera persona por lo que es en cuanto a si misma, mas no por lo que es en cuanto a uno; este paso implica un complejo desarrollo de la estructura moral que lleva a exportar la idea de par fuera de sí, teniendo en cuenta al otro como un ente autónomo completamente separado de él. Cuando se logra este cometido las asociaciones singulares prosperan siempre y cuando, se respete de igual forma los estatutos y fines que presiden tal asociación. Siguiendo entonces con la secuencia de las leyes de la psicología moral, determinaríamos que un tercer estadio estaría comprendido por una aceptación racional de los preceptos que rigen la justicia y por tanto las entidades justas, teniendo en cuenta que son siempre hombres juiciosos los que emiten dichos veredictos, pensados para un conglomerado universal que por su mismo tipo –racional- debe obedecer a lo mismo. Por lo que son estos juicios aceptados de forma inteligible por todos aquellos que llegan a este ultimo estado moral, donde son, estos, los principios, aceptados en virtud de sí mismos y bajo ninguna circunstancia aceptados como imposiciones o actos incoherentes que se basan en exigencias sin peso racional ni moral.

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Teniendo claro el cometido final de la evolución moral, establecemos un nuevo cambio importante en cuanto a los pasos de dicha evolución moral. Anteriormente hemos hablado de una importante diferencia entre sentimientos morales y sentimientos naturales, además de esto, hemos usado el término natural para establecer un paralelo con un estado pueril del individuo. Los sentimientos morales, responden a reacciones jerarquizadas por disposiciones complejas racionales, que llevan al individuo a hablar de una u otra determinada manera, siempre, siendo dicha manera, el modo más adecuado de proceder. Nótese de la breve definición anterior, que la peculiaridad de esta categoría es el alto contenido racional que da peso a este rótulo –sentimiento moral-. Los sentimientos naturales son, sin embargo, sentimientos en el sentido estricto de la palabra, por lo que no tienen peso ni validez racional alguna, estos están íntimamente ligados con las pasiones[7]; son en su gran mayoría los niños y los individuos que no logran superar la primera etapa del desarrollo de la justicia moral los que los sufren. Aclarando esta diferencia, podemos dar pie a explicar el por qué con la comparación del término natural a la concepción que tiene el niño en sí mismo; este último, actúa de determinadas maneras sin embargo no tiene unos preceptos justos o de cualquier otro tipo que lo lleven a comportarse de esa forma o de cualquier otra. Es por esto, que los niños actúan de manera natural, pues no tienen bases racionales que respalden sus actos, y son presididos en la gran mayoría de casos por normas impuestas por los padres o acudientes, que ellos –los niños- adoptan como único recurso a encajar a la sociedad, por lo tanto las adoptan nuevamente de manera utilitarista; es este último punto la explicación del porque atiende la forma natural al estado de desarrollo primario de los niños y algunos otros que se estancan en este proceso.

Aclarados ya, los temas de los sentimientos morales, naturales y del estado natural, podemos dar paso a la explicación final de la concepción de justicia, según la cual, se preside de sentimientos morales que dictaminan los pasos a seguir, como se dijo anteriormente, después de sentir cualquiera de ellos. Por esto, son el perdón y el olvido, dos sentimientos morales sin los cuales no podríamos avanzar, pues es solo de los errores que se pueden detectar las falencias y a partir de ahí mejorarlas con el fin de pensar en un constante debe ser. Es, entonces, la conducta moral la que se basa en gran parte de la aprobación de nuestros pares, sean estos compañeros, empleados, ciudadanos o simplemente humanos, pues son estos últimos el verdadero cometido de la justicia moral, pues son el auténtico fin universal.

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A partir de este momento tenemos como único propósito el de precisar la justicia a través de la moral de los principios pues es la única que tiene el suficiente peso racional como para hacerlo. Por eso, esta –la justicia- se vive como un placer ideal de la cooperación humana justa, manteniendo un contrato social libre e implícito por su misma naturaleza en la sociedad. El individuo que alcanza este estadio, es consciente de su responsabilidad con todos los agentes morales racionales, por lo que genera una serie de principios propios que armonicen con los de su sociedad. Por lo tanto estos principios tienden a ser las bases individuales solidas que llevan al individuo a comportarse de determinada manera y a actuar con respecto a las leyes universales: en pro. Todo esto, termina por concluir que la normal universal por excelencia es el derecho que tiene el otro en virtud de sí mismo, de ser respetado, o en otras palabras, a respetar la libertad, el derecho y la dignidad de todos los seres humanos como entes individuales.

Por esto el hombre justo siente un compromiso ineludible con la justicia y no pasa por encima de ella bajo ninguna circunstancia, pues es consciente del compromiso personal que siente con ella, además, se tiene claro que gracias a ella, los arreglos y convenciones sociales, se mantienen vigentes. Hay que dejar por sentado que estos arreglos sociales poseen dos puntos en particular de vital importancia, que son: Proteger los derechos de las minorías y las personas en situación de desventaja, y, el bienestar social en universal. Para seguir estos planteamientos a nivel general se plantea una justicia pública que se encarga de jerarquizar las propiedades de los derechos, para implantar de manera ordenada que organismos tienen poder sobre otros, para resolver inconvenientes y tomar decisiones cuando, existe conflicto con alguno de estos de menor jerarquía. Con respecto a todos estos organismos o instituciones justas, todos los seres morales racionales se ven en la obligación por sus principios morales individuales de apoyar a todas estas instituciones, el fin de estas instituciones y todos los seres que las apoyan es pensar en un bien de la humanidad como un todo.

Todo lo anterior plantea, por lo tanto, que sea la justicia establecida por personas justas, lo que nos lleva a un circulo que no nos da más escapatoria que plantear una definición de justicia para poder entrar en él y seguir avanzando en esta recta final. Por esto, sería una acotación coherente con todo lo anterior y pertinente para el momento del desarrollo de la obra en la que nos encontramos, comentar que: la justicia se funda y es, por tanto, el concepto de reciprocidad que reconcilia los puntos de vista de uno mismo y de los demás como personas morales, racionales e igual. Es por tanto, la justicia el conglomerado de términos y preceptos que todos reconocen como justos, y que por ser guiados por personas juiciosas responden a un ideal de amor a la humanidad, de forma racional, libre, moral y equitativa. El equilibrio de estas personas yace por tanto, al mismo tiempo, en los principios de justicia. Es el círculo de conceptos[8] planteado anteriormente al que debemos intentar penetrar para vislumbrar más claramente que es la justicia, por ahora, tomaremos lo anterior como la base sobre la cual podamos dar el siguiente paso en la definición, teniendo en cuenta que el que carece del sentido de justicia, carece de noción de humanidad, por lo que, podemos decir que, además de lo anterior, la justicia es un ejercicio completamente humano que también nos da fin; siendo esta la que asimismo da sentido a la sociedad sin una autoridad y una justicia arbitraria y opresiva, siendo dicha sociedad libre y desarrollada moralmente; pues la justicia no es el cumplimiento a cabalidad de exigencias impuestas, sino patrones racionales de conducta con bases coherentes y morales.



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[1] Al referirse a rectitudes se alude el concepto de lo que es correcto, o está bien hecho, partamos de: lo correcto y bueno es diferente para cada individuo pero en nuestro caso, por suponer un individuo racional que acepta leyes establecidas por su condición natural –de racional- entiende que es el bien aquello a lo que todo tiende, como lo expuso Aristóteles en Ética a Nicomaco, y por consiguiente lo correcto es aquello que tiene por fin o por base el bien o lo bueno.

[2] La referencia de sentimientos morales, obedece a que una trasgresión de la norma por parte de un ser en su estado más precoz, que es, por lo tanto, menos desarrollado moralmente, esta representa un sentimiento de culpa estrictamente natural –intentaremos más adelante procurar establecer la diferencia entre sentimientos morales y naturales-.

[3] Acá las expondremos de forma básica, para una mejor compresión del asunto remítase a: Rawls, John. Teoría de la justicia, capitulo 8: Un sentido de la justicia, páginas 443 a 448.

[4] Pensar en un constante “debe ser” y tenerlo como meta, es el primer paso para dejar de vivir un “es” injusto y copado de errores. Para esto se debe partir de que la imperfección es el punto de partida más positivo para idear y articular, primero teóricamente, un “debe ser” para la sociedad y todas las cosas en general.

[5] Este contrato social que se plantea es aquel que se va generando por aprobación de todos las partes de manera no formal, pues este no implica un dialogo directo o unas prohibiciones jurídicas denotadas claramente, son, en otras palabras, prohibiciones que pauta la misma sociedad para establecer un orden dentro de sí misma; mas no implica en ningún momento aspectos legales, pues es la sociedad misma quien se encarga de separar y castigar a los que trasgreden dicho contrato.

[6] Se pretende crear un paralelo con los sentimientos morales, en cuanto al uso de la palabra dentro del término.

[7] Entiéndase por cualidad de las pasiones, que de estas se padecen, y por tanto, no hay razón humana que pueda controlarlas fácilmente.

[8] Se pretende dar la idea de un círculo que, perfecto, no deja escapar nada de si, ni permite entrar nada dentro de sí.

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