La Ilustración en la contemporaneidad representa un periodo de la razón humana ya superado, pero si la intentamos encajar en algún tipo de significación actual, lograríamos aproximarnos de forma amplia diciendo que es una de las cuatro corrientes filosóficas principales de la modernidad. Acercándonos más al término como concepto, propondríamos La Ilustración como un pensamiento mediador entre el empirismo y el racionalismo, que logra de manera sintética, instaurar una nueva brecha a seguir sin lugar a extremismos conceptuales ni filosóficos. La Ilustración además de intentar mediar entre el racionalismo y el empirismo en el siglo XVIII, adopta una postura radical anti-cristiana donde se encaran los problemas de la época, con pseudo-valores adquiridos por la sociedad occidental de las costumbres y la moral judío-cristiana. Uno de los aspectos más importantes, y por tanto no el único, es la Enciclopedia que representa el sentido más puritano de la época, pues pretende abarcar de forma vasta el mayor conocimiento posible, y organizarlo en orden alfabético.
Dando un pequeño abrebocas de que es La Ilustración, intentaremos en el siguiente trabajo esbozar de forma correcta las falencias de esta; teniendo presente un eventual fracaso de las ciencias absolutistas en la modernidad –Un claro ejemplo de esto, es el fracaso de la lógica-. Por esto abordaremos problemas cómo la falta de coherencia entre la teoría y la práctica; además basando nuestra crítica en el Fausto de Goethe, expondremos el por qué de la malversación de la práctica en La Ilustración.
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La ilustración, que en muchos sentidos aportó al desarrollo intelectual del hombre, será abordada en esta oportunidad desde los problemas que presenta, pues solo así, se la podrá superar de una manera asertiva. Por ello buscaremos dos de estos problemas que susciten especial atención para lograr desde hay erguir un pensamiento pos ilustrado[1]. Uno de los problemas a tratar es la falta de coherencia entre las obras publicadas por los autores y su aplicación en el ejercicio de su profesión, el otro ha de ser la falta de la experiencia como asertiva forma de vida, que tiene clara la necesidad inminente de la razón, siempre buscando un equilibrio entre lo empirista y lo racionalista, sin olvidarnos, claro está, que la filosofía de La Ilustración se detiene en postularse como una mediadora entre estas dos antagónicas corrientes, aunque se queda sólo en la teoría. Esto procederemos a explicarlo tras evacuar el problema de coherencia, teoría-practica.
Buscando un primer impulso para desentrañar este proceso que nos presenta una dicotomía bastante peculiar, propondremos un caso concreto citando al texto base[2], con respecto al ejemplo que proponen de este problema: “El caso más impresionante es el del cura Meslier, quien fue toda su vida un sacerdote ejemplar para sus feligreses y nunca despertó la menor sospecha de heterodoxia o ateísmo, y que dejó después de su muerte uno de los manuscritos más radicalmente ateos y anticristianos de la época, cuya publicación causo sensación.” Lo que acabamos de ver, implica una evidente ruptura entre el pensamiento ilustrado y la aplicación de este, que demuestra claramente una tendencia hacia la no correlación en su época, asimismo se halla en contraposición de uno de los ideales más elevados de la ilustración, según el cual, el progreso publico del saber y la cultura es capaz de liberar al hombre y suprimir todos aquellos yugos que terminan por convertirse en los males de la sociedad.
Si tomamos lo anterior, muy pocos autores a lo largo de la historia de la filosofía se han comportado en la práctica tal como dictaminan sus teorías, uno de estos ha sido el filosofo clásico Sócrates, al cual se le atribuyen muchas de estas características; otro bastante importante es Immanuel Kant, quien, de igual forma, se ganó el sobrenombre de: El Sócrates de Königsberg, por la coherencia entre su estilo de vida y la doctrina que profesaba. La evidencia anterior presenta de forma contundente los hechos que llevan a decir que la premisa de la ilustración de la liberación de hombre y de sus males, por medio del progreso público del saber y de la difusión de la cultura, no es acertada pues carece de elementos que en verdad, liberen al hombre del yugo que le es impuesto socialmente.
Podemos ayudarnos al momento de elaborar esta crítica de las palabras de Hegel en lo que conciernen al primer capítulo –La Ilustración- de su libro la fenomenología del espíritu, donde resalta como la ilustración se destruye a sí misma, puesto que ha generado un: “puro pensamiento inteligible y ha destruido todo lo que existía” y de esta forma, destruyendo todas las bases históricas e intelectuales hasta la época en su búsqueda insaciable de destruir la fe cristiana “se ha desmembrado y quebrantado a sí misma”. Síntesis clara que pasó al cura Meslier, que inmerso en la investigación y búsqueda de la más alta ilustración, termina por destruirse a sí mismo, sin guardar coherencia alguna entre sus pensamientos y sus actos.
Otro problema que se abordara en este escrito es la ausencia de la praxis en el pensamiento ilustrado, para lo que nos valdremos perfectamente del Fausto de Goethe que entabla una crítica desde la posición del pensamiento dialectico. Sería imprudente, para esto, no citar la obertura de la obra por parte de Fausto en su primer monólogo, donde termina convocando y hablando con un espíritu. Citaremos el principio: “¡Ah! Filosofía, jurisprudencia, medicina y hasta teología, todo lo he profundizado con entusiasmo creciente, y ¡heme aquí, pobre loco, tan sabio como antes! Es verdad que me titulo maestro, doctor, y que aquí, allá y en todas partes cuento con innumerables discípulos que puedo dirigir a mi capricho; pero no lo es menos que nada logramos saber. Esto es lo que me hiere el alma.”[3] Veamos entonces como el mundo del conocimiento no llena al hombre, sino, más bien, le arranca una parte de su naturaleza humana, le arrebata la experiencia y el error, la crisis y la crítica, dejando desarmado al más sabio. Pues el sentido de la vida, como ya lo vislumbraba Goethe está más relacionado a la acción que con cualquier cosa.
Una aclaración que nos plantea el texto base con respecto a la postura que adopta Fausto en la obra, tras negar su contento con La Ilustración, es no confundir bajo ninguna circunstancia que este pensamiento nuevo llevase a la irracionalidad y mucho menos a un romanticismo; pues él está volviendo en sí y observando el racionalismo a través de el espíritu del macrocosmos y de el espíritu de la tierra, los cuales respectivamente son la encarnación del racionalismo y del pensamiento dialectico, planteando de nuevo un problema, pero esta vez, dentro de otro problema, pues la forma en la que niega Fausto al espíritu del macrocosmos y como a su vez el espíritu de la tierra lo niega a él, es de vital importancia para entender de nuevo la relación: pensamiento versus praxis. De “tan solo un espectáculo” y de “naturaleza infinita” tilda Fausto a: el espíritu del macrocosmos negándolo en su inmensidad, en su totalidad, porque si de algo el hombre no es dueño, es de eso, de la totalidad, del cosmos, y Fausto creía estar convencido de ello. Asimismo, tras buscar en el espíritu de la tierra este lo rechaza de forma contundente y corta: “Te asemejas al espíritu que comprendes. No a mí.” y es en este momento como vemos claramente que Fausto comprende el macrocosmos pero busca con sus acciones el espíritu de la tierra; mostrando como su mente no está en concordancia con sus acciones, cayendo de nuevo en el problema planteado al principio: una notable separación entre razón y praxis.
Trascurrido esto, Fausto atiende a su experiencia y a lo que le dicta vivir por medio de la acción y se topa al mejor de todos en cuanto a la práctica: El Diablo, quien es encarnado en la obra por Mefistófeles, representa el boleto de entrada al mundo real, en el que la gente sufre, ríe, muere, llora, siente, y no solo se analiza tras unos lentes a lo lejos en un habitáculo lleno de pergaminos. Siendo este, el trecho que claramente desea seguir Fausto.
Alejándonos un poco de la rigurosidad del texto base de Lucien Goldmann, nos abriremos camino ahora, por la parcialidad y el pensamiento subjetivo con miras a la concepción contemporánea. Para dar paso a lo anterior, nos preguntaremos que veracidad y el por qué, de la negación de Goldman a una búsqueda de la irracionalidad por medio de la magia, el romanticismo y el misterio, pues como se rastrea perfectamente en el texto, a quien acude Fausto son espíritus, lo que nos muestra la naturaleza y parcialidad por parte de Goethe, de plantear algo que no fuese del todo claro, pues para estos –los espíritus- hay infinidad de explicaciones, mas sin embargo, ninguna se la puede tomar por verídica, lo que de por sí, marca un salto enorme al misterio. Apoyando lo dicho anteriormente, podríamos también inclinarnos con argumentos a decir que el espíritu del macrocosmos es una manifestación más de Dios, quien, por lo tanto, en ningún momento se aleja de su apuesta; tal como, el espíritu de la tierra igualmente representa al Diablo o Mefistófeles, como se lo quiera llamar. El hecho de plantear dos personajes tan subjetivos y plurales, es una muestra clara del misterio que envuelve la obra, que buscando siempre una racionalidad en el caos, se encuentra de frente, con que el caos tiene un orden perfectamente establecido: es aleatorio.
El espíritu del macrocosmos o Dios, que al parecer no tienen diferencia alguna, se caracterizan por representar un todo, un conocimiento absoluto, una experiencia absoluta, que de una u otra manera tiende alejarse cada vez mas tanto de la experiencia como del conocimiento del hombre; llevando a ambas, como resultado, hasta un extremo inhumano. Caso contrario representa el espíritu de la tierra o el Diablo, quien representa lo mundano, todo aquello que se entre mezcla generando un orden aleatorio en el mundo; es este, quien personifica el conocimiento y la experiencia humana, siguiendo lo anterior, las ideas por racionales o a priori que sean, necesitan ser permeadas por la práctica para agregar veracidad a ellas en virtud de sí mismas; igualmente vemos como el Diablo representa la tierra, lugar donde habita el hombre, y Dios, representa el cosmos, lugar a donde el hombre aspira llegar así sea violando su naturaleza misma. Recogiendo todo lo anterior, vemos con mayor claridad el planteamiento de Goldmann con base en la obra de Goethe, de que sea el Diablo y un pacto con este, la única forma de encontrar el camino a Dios. Esto último nos presenta una contradicción pues da a entender algo que compartimos: que Dios está en la naturaleza del hombre, por eso, este no debe ser buscado fuera de sí; con respecto a esta tesis, la experiencia y el conocimiento marcaria una brecha de incongruencias, pues un hombre en ningún caso podría tener un conocimiento absoluto[4] y mucho menos una experiencia absoluta, y buscar esto por medios mundanos y con miras a una experiencia cosmológica, sería absurdo.
Empatando con todo lo anterior, afirmaremos siguiendo la postura de Kant[5] con respecto a la ilustración, que solo el uso público de la razón y la libertad[6] puede llevar a una correcta ilustración, y es, precisamente este uso público lo que nos llevaría a concluir desde la misma teoría kantiana, que la promulgación razonable ante todo un abanico de lectores y jueces, llevase a una aceptación impartida por la razón misma, mas no por la fuerza. Siendo, entonces, la ilustración, como lo planteamos anteriormente: el abandono de todas esas rigurosidades impuestas y un lanzamiento a la vida desde la mayoría de edad; pues: “La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad.”[7]Estando apto para abordar la razón desde sí mismo, planteándose en virtud de sí su camino a seguir, abandonando las tutelas forzosas, en las que se cae por pereza o cobardía. Siguiendo el camino ya esbozado por Kant, podremos decir firmemente que el conveniente principal del hombre es tener el valor suficiente para servirse de su propia razón y por eso el gran problema de La Ilustración es la rigurosidad, que lleva a ataduras sociales, en las que fácilmente se puede caer en error como lo hizo ya el cura Meslier.
[1] El término acá usado hace referencia al concepto de la superación de una corriente, al comienzo de una nueva época, subsistiendo a la anterior; diferencia clara si se usase el término postilustrado, que haría referencia solo a un contexto histórico, el fin de una época y la iniciación de otra.
[2] Goldmann, Lucien. La ilustración y la sociedad actual. Ensayo. Monte Ávila Editores, C.A. Página 16.
[3] Goethe, Johann Wolfgang von. Fausto. Ed. Sol 90. 2004. Página 19.
[4] El termino conocimiento absoluto no está aquí por azar, sino, hace referencia nuevamente a la critica planteada a la ilustración como la búsqueda de acaparar todo el conocimiento; extralimitando al hombre.
[5] Kant, Immanuel. Historia de la filosofía. Capitulo 1: ¿Qué es la ilustración? 1784. Sin más datos editoriales. Página 28.
[6] Veamos cómo evoluciona la teoría si se adiciona el concepto de libertad, como premisa para la vida en sociedad; y, como en un principio, fue este uno de los fallos de La Ilustración, como ya esta explicado.
[7] Kant, Immanuel. Historia de la filosofía. Capitulo 1: ¿Qué es la ilustración? 1784. Sin más datos editoriales. Página 25.
