jueves, 17 de diciembre de 2009

EL PRINCIPITO (LE PETIT PRINCE)


Antoine de Saint-Exupery, aviador y militar nacido en Lyon en 1900, de familia noble. Fue estudiante de la Universidad de Friburgo, para después emprender su servicio militar en 1921. A sus 43 años escribe EL PRINCIPITO como un recuento de su vida y trabajo como aviador. Es tal, que uno de los protagonistas por poco correspondería con el mismo Saint-Exupèry, pues es un aviador caído en el desierto el cual se encuentra con aquel pequeño personaje de ojos claros y cabellos de oro, quien con pocas palabras le hace entender que la belleza del desierto yace en el pozo que no se ve.

Es el viaje de este pequeño príncipe por el universo lo que nos acaece en esta ocasión, pues aprovechando la migración de las aves se escapa del pequeño asteroide en el que vive, donde solo hay una rosa, muchos boababs, que son árboles que al crecer harían explotar su planeta, tres volcanes, dos activos y uno inactivo; en lo cual ocupa todo su tiempo. En una vida un tanto feliz y otro tanto monótona, parte buscando un poco más, esperando encontrar a otros como él, o ser comprendido por alguien más.

La trama del libro aunque un poco sencilla e infantil, tiene mensajes bastante profundos y una que otra metáfora algo complicada de redactar con palabras complejas o discursos de adultos. La historia de la obra se puede partir de forma básica en dos partes fundamentales, la primera en donde se empieza a percibir de forma más suave el cambio de ambiente del protagonista; generando situaciones que harían la función de puente entre la realidad de vida y la estadía en la tierra de EL PRINCIPITO. La segunda parte de la historia es cuando ya se embarca a sus aventuras en la tierra, donde descubrirá que los niños son unos afortunados pues perciben las cosas tal y como son, con su magia y misterio.

En la primera transición de la trama o historia, recorre seis planetas, en donde encuentra un rey, un vanidoso, un borracho, un hombre de negocios, un farolero y un geógrafo, con lo cual no queda satisfecho por lo vacías que son estas personas, pues cuando llegó donde el rey, este le creyó un lacayo; donde el vanidoso, un admirador; al llegar donde el borracho, este demostró la pena que cargaba por su vicio; el hombre de negocios, lo ignoró pues estaba bastante ocupado haciendo cuentas de algo que no tenia y no le pertenecía, las estrellas. De este aprendió que no vale de nada ser rico y estar solo; el siguiente fue un farolero, del que termino diciendo que de él tal vez sería el único del que podría llegar a ser amigo, pues su ocupación no es sobre él, sino sobre algo más bello, tanto como el despertar y el dormir de una flor; por ultimo llego donde el geógrafo, el cual lo confundió con un explorador, pero gracias al cual llego a la tierra.

En esta primera parte, ya empezamos a rastrear la figura de EL PRINCIPITO no solo como un personaje, sino como el baúl guardado con recelo en lo más profundo de la memoria, pero, para poder entender lo que hay dentro de ese baúl, debemos primero entender cómo fue que terminamos con él en nuestras mentes; para eso no sirve lo que dijimos sobre los seis planetas habitados por seis hombres muy diferentes, a simple vista, pero que perfectamente podrían dar una idea de la realidad humana.

Estos seis hombres representan diferentes características de la humanidad, pues se cree, el rey del mundo, como si pudiese acabar con todo a diestra y siniestra, la humanidad es vanidosa y arriesga mucho a cambio de gratificación banal y estúpida, la humanidad carga una pena, entre tantas y es el vicio, que corrompe y justifica actos de todo tipo, la humanidad vende la tierra, vende pedazos de seres vivos comercia con la naturaleza, la humanidad vende algo que no le pertenece, pero todos estos hombres pasan por serios, ocupados, siendo en sí, hombres vacios, hombres que crean una humanidad hueca; pero no todo es malo, esta también aprende que el arte libera, que lo bello es más importante y a la larga vale más que todos los diamantes y todo el oro junto, además la humanidad tiene una cualidad que la ha llevado a hacer cosas buenas pero también malas, la humanidad explora, todo humano es como aquel geógrafo que pregunta de volcanes, montañas y caminos, de tierras lejanas y cuerpos y animales y todo aquello que pueda pasar por nuestra mente que aunque corrompida; muy brillante es.

Habiendo aclarado y comentado esta cierta analogía entre estos hombres y nuestra humanidad, es más fácil, intentar explicar lo que es EL PRINCIPITO si se intenta escudriñar en lo más profundo del sentido del texto. Este es el espíritu infante que hay en todos y cada uno de nosotros, pero que con el tiempo va siendo relegado a un espacio cada vez más y más pequeño de nuestro ser, de nuestra esencia, a tal punto que queda olvidado por completo y arrinconado en un pequeño espacio, dentro de un baúl con llave.

Es, entonces, EL PRINCIPITO, el vestigio olvidado de una época pasada que espera con ansia ser liberada, o en otras palabras, es esta la imagen correspondiente a la infancia almacenada es nuestro cerebro, pero relegada al más pequeño y lejano planeta de nuestro universo, o esté, en el asteroide B 612.

Ya que tenemos la imagen versus el recuerdo, creado en la mente, por lo tanto podemos terminar con este viaje fantástico y conquistador, con nuestra última y más importante parada… La tierra. Es acá donde EL PRINCIPITO, conoce más gente, hace amigos o más bien los domestica, y lo más importante, enseña a un terrícola, cual es la magia del planeta donde vive; le enseña a no mezclar las cosas y a no confundirlo todo, EL PRINCIPITO llega a un planeta raro, seco, puntiagudo y salado.

Este niño un sabio, hasta que pierde la inocencia o algo parecido es lo que intenta decir la filosofía clásica, y es cierto, no hay lógica más pura que la de niño, ni más sabia que la de un anciano, es por esto que EL PRINCIPITO llega a la tierra y aprende de ella, aprende de los lobos, de las flores y de las serpientes. No hay razón, para que todos los perros sean iguales, pues son únicos para sus dueños, quienes con el cariño y el tiempo perdido o más bien invertido en ellos, se han vuelto únicos por ese vínculo tan profundo pero tan difícil de dilucidar, que se pierde en el cotidiano de las relaciones.

Es este joven príncipe, que nos quiere hacer caer en cuenta, que no se es lo que se viste, ni lo que se come, se es lo que se piensa y lo que se es en SI, se es por lo otros, pero también se es por uno mismo, Saint-Exupéry, intenta decirnos que no valemos nuestro salario o nuestro auto, valemos aquello que no se puede ver con los ojos, pues lo esencial es invisible para la mirada común, y solo con el corazón se puede ver bien.

Y es por esto que la magia de las cosas reside en ese rincón mágico, donde lo que verdaderamente importa es invisible, donde hay que cerrar los ojos y andar al paso que el corazón dicte, es por eso que el desierto donde cayó EL PRINCIPITO es mágico, porque al pozo, que canta mientras el cántaro sube por medio de él, solo se llega si se busca con el corazón.

Es por todo lo anterior, que podemos plantear a EL PRINCIPITO como la imagen relevante del crecimiento absurdo del mundo contemporáneo, de la perdición a causa de todos aquellos factores externos que llevan al ser humano a convertirse en una máquina alejada de la sociedad, alejada de la realidad. Una sociedad devastada, por falta de principitos, es lo que se vive actualmente, porque ahora vale más un título, unos años y una ropa, mucho más que una buena vida y un ideal por el cual morir, es por todos aquellos hombres que van por la vida siendo serios y ocupados, que nos pasamos la vida intentado responder preguntas que nunca se han planteado, vendiendo cosas que no son nuestras y olvidando lo que realmente es importante: la esencia de las cosas y de las personas.